
Fotografía: Segundo Terceros
Encontrarse con el espectacular complejo misional de San José, después de caminar por las calles de tierra de ese pueblo tan autentico, resulta sorprendente. Recorrer, salas, celdas y corredores del recinto contemplando los frescos recién recuperados por la Cooperación Española, es fantástico. Pero nada igual a escuchar, de pronto, a una orquesta de niños chiquitanos tocando el violín.
Niños en su sala de la Escuela de Música de la Misión, en su ensayo diario, interpretando con sus violines, con total naturalidad, “música celestial”. Niños que se dedican a tocar el violín como los ángeles como la cosa más normal del mundo, como el niño que monta en bicicleta o juega al futbol. Una muestra increíble de lo que ha supuesto el legado misional en la Chiquitanía. Esa cultura viva de la que tanto hemos oído hablar, y que uno comprueba, allí en directo, varios siglos después, que sigue más viva que nunca.

Foto: CEPAD
Este detalle, de la naturalidad con los que los pequeños músicos de la escuela misional tocan el violín ante indiscretos espectadores que invaden su ensayo, demuestra claramente la autenticidad de los niños chiquitanos, de las gentes chiquitanas. El verdadero atractivo que va a hacer a muchos viajeros querer regresar, desde el otro lado del mundo, a este lugar increíble de vegetación exuberante y tierras rojas salpicadas de complejos misionales espectaculares.
