“Estás de acuerdo conmigo o estás de acuerdo con los terroristas… por tanto, eres uno de ellos”, palabras más, palabras menos, esa es la síntesis del pensamiento del ex presidente estadounidense George Bush difundido insistentemente después de la tragedia del 11 de septiembre de 2001.
Era una sentencia que parecía imposible de tragar en el inicio del Siglo XXI, el siglo que había identificado al conocimiento como el único poder real porque es el que nunca se pierde. Y eh ahí que un individuo momentáneamente rodeado del poder político- que es el más efímero- y el poder militar- que siempre es insuficiente para vencer a los espíritus libres- quería que el mundo entero le diga: “¡sí!”, ¡”sí, señor Bush, usted tiene razón y nosotros, ovejas sumisas, lo aplaudimos”.
Varios medios de prensa masiva se acoplaron a la sentencia y por unos días, unos meses, unos años, el orbe sufrió el bombardeo de la más feroz dinámica maniqueísta. El mundo dividido entre los buenos azules y los malos negros.
Mas la grandiosa Humanidad guarda en sí siempre reservas de seres sensatos que no están dispuestos a decir “amen” a sus jefes o a sus mandatarios y desde un inicio se levantaron voces que mostraron que el universo es una infinita gama de grises y no un tablero de ajedrez con fichas blancas y fichas negras como algunos idiotas lo creen.
Lo insólito es que el criticado “pensamiento Bush” fue imitado en muchas partes y por otros muchos presidentes, incluso enemigos suyos. En nuestra América Latina, cuando creíamos que la democracia profunda estaba consolidada, circula la misma versión con otros matices: “o aplaudes lo que hago o eres enemigo del pueblo”.
El grupo de cruceños que firmó hace un año la carta “Santa Cruz somos todos” denunció cómo muchos paisanos en ese departamento eran tachados de “traidores” por ejercer su derecho a opinar con ideas propias sobre las propuestas del Comité Cívico. A más de uno le marcaron la casa como en la época de la noche de los cuchillos largos o como hacían los fanáticos con los hugonotes hace ya muchas centurias.
La peor experiencia la vivimos a diario con los neo-masitas, esos que trabajaban en sus ONGs financiadas por USAID, lado a lado con banzeristas o con la megacoalición y que en los últimos tres años han descubierto su corazón izquierdista.
Son fundamentalistas Savaranolas, claro que en caricatura. Levantan su puño en alto, amenazador. O los aplaudes con un sonoro clap o eres “enemigo”, enemigo del cambio, enemigo del gobierno, enemigo de la revolución.
¡Qué curioso que en el primer país donde se derrotó al pensamiento Bush fue en el propio Estados Unidos! Esa es la grandeza de esa nación que este 4 de julio conmemora su independencia y su ejemplo en los principios de Filadelfia y la constitución con sus poderes divididos e independientes.
Barak Obama se ha dado el lujo de mostrar que no es cierto que el mundo es azul y rojo, o negro y blanco, o un tablero de ajedrez. Quizá porque a diferencia de muchos políticos tiene a su favor una acumulación clave: el conocimiento, ese poder que nadie puede quitar y que permite mirar al mundo con un horizonte mucho más tejido que el simplista pensamiento Bush.
